DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Comunicado de prensa de la OIM

 

AL CONMEMORAR EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER, LA OIM SEÑALA QUE LAS MUJERES MIGRANTES DEBEN TENER ACCESO A EMPLEOS DECENTES Y CALIFICADOS, EQUIVALENTES A LOS ESTUDIOS REALIZADOS Y A LA EXPERIENCIA ADQUIRIDA

Ginebra, 8 de marzo de 2011 Al conmemorarse hoy el Día Internacional de la Mujer, la OIM destaca que es preciso conceder creciente atención a la situación de mujeres competentes, cuyas calificaciones y estudios no siempre dan lugar a su contratación en empleos altamente calificados en los países de destino.

En los últimos decenios, los esfuerzos mundiales a fin de acrecentar el acceso de las niñas a los estudios, han permitido que un creciente número de mujeres realicen estudios secundarios y terciarios.  El mayor nivel de educación de las mujeres ha propiciado su emigración por cuenta propia para proseguir estudios o aprovechar oportunidades profesionales.

Para algunas, especialmente aquéllas con altas calificaciones, el salir del país ha sido el único medio para acceder a empleos de alto nivel a los que aspiran y para los cuales han invertido tiempo y recursos en su formación.  Otras, que emigraron por razones económicas o de seguridad, lo hicieron con la esperanza de que su experiencia profesional les permitiese integrarse acertadamente en la nueva sociedad.

Ello no obstante, la experiencia migratoria no siempre está a la altura de las expectativas, puesto que subsisten numerosas barreras a la hora de acreditar las competencias de un país a otro.

La Directora General Adjunta de la OIM, Laura Thompson, explicó “Las mujeres suelen estar subrepresentadas en las profesiones más buscadas por los países industrializados, —a saber tecnología de información, ingeniería y mundo empresarial— y se concentran en ocupaciones que suelen ser menos transferibles debido a reglamentaciones nacionales, es decir, la educación, la administración pública y el derecho.  Por consiguiente, les es difícil obtener equivalencias en el mercado laboral del país anfitrión y encontrar un empleo equivalente a sus calificaciones.”

Aparte de las dificultades para que se reconozcan las acreditaciones extranjeras, las migrantes se enfrentan a otros obstáculos, por ejemplo, la falta de redes profesionales y sociales, la discriminación por cuestiones étnicas o de género y las responsabilidades familiares.  A raíz de ello, las mujeres suelen desempeñar funciones poco o no calificadas, por considerarse “trabajo femenino”, a saber, el cuidado de ancianos o niños o el servicio doméstico, que ofrecen malas condiciones de trabajo y bajos sueldos.

En una próxima publicación titulada “Crushed Hopes: Underemployment and Deskilling in Skilled Migrant Women” (Esperanzas perdidas: Subempleo y descualificación de las migrantes competentes) ofrece una voz al sufrimiento de las migrantes altamente calificadas que no pueden concretar sus estudios y competencias profesionales en la obtención de un trabajo decente.

Una de estas mujeres, cuyo título en contabilidad no fue reconocido por el país anfitrión, decidió retornar a la universidad y realizar nuevamente esos estudios, efectuando pequeños empleos para mantener a sus hijos.  “Mi profesión era lo que yo quería hacer desde que era pequeña —una pasión por la que trabajé muchísimo durante años.  Por tanto, es difícil aceptar que todos esos esfuerzos para estudiar, aprender y perfeccionar mis competencias queden en la nada.”

Laura Thompson insistió en que: “No puede subestimarse el precio social y emocional que pagan las mujeres que no pueden ejercer su profesión.”

Ciertos estudios realizados anteriormente y corroborados por la publicación antes mencionada de la OIM, demuestran que el subempleo y la descualificación de las competencias de las mujeres propicia la desmoralización, la vergüenza, la depresión, la impotencia, el estrés, una intensa frustración, la infelicidad, la ansiedad, así como el sentimiento de invisibilidad y estancamiento.

Una migrante cuenta: “Siempre fui sumamente activa, ocupada y  ganaba mi propio dinero, así que cuando tuve que quedarme en casa, sin empleo alguno y depender financieramente, sentí como si me hubieran mutilado.”

Generalmente, las personas que sufren de un serio subempleo son las que padecen varios de los desórdenes antes enumerados.

Si bien las migrantes constituyen 105 millones de los migrantes internacionales, es decir, prácticamente el 50% de la población mundial de migrantes internacionales, y, en su mayoría, emigran en busca de oportunidades de empleo, todavía no cuentan con las mismas oportunidades que sus interlocutores masculinos; por consiguiente, se ven afectadas de manera desproporcionada por los riesgos que emanan de la movilidad.

Par concluir, la Sra. Thompson declaró: “Las repercusiones económicas de la descualificación de competencias son enormes.  Al no poder utilizar la miríada de competencias, experiencias y el saber que traen consigo las migrantes, no sólo se pierden oportunidades para las economías de los países de destino, sino también para las de los países de origen.  Por consiguiente, es fundamental que los gobiernos examinen con un ojo crítico algunos de los prejuicios implícitos en las normas migratorias.  Sólo al aplicar una perspectiva de género en las políticas fundamentales de migración, podremos cerciorarnos de que se alientan al máximo las oportunidades para las mujeres y de que se facilitan y reconocen adecuadamente las aportaciones que hacen a nivel económico y social.”

 

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